¿Qué es la hepatitis?
La hepatitis es la inflamación del hígado, un órgano vital que procesa los nutrientes, filtra la sangre, produce proteínas esenciales y combate infecciones. Cuando el hígado se inflama o se daña, sus funciones se ven comprometidas. La hepatitis puede ser aguda (de corta duración, generalmente menos de seis meses) o crónica (de larga duración, que puede persistir durante años o décadas), y puede derivar en complicaciones graves como la cirrosis, la insuficiencia hepática o el cáncer de hígado.
Tipos de hepatitis viral
Hepatitis A
La hepatitis A es una infección aguda causada por el virus de la hepatitis A (VHA). Se transmite principalmente a través del consumo de agua o alimentos contaminados con heces de una persona infectada, o por contacto directo con una persona enferma. Raramente se vuelve crónica y la mayoría de las personas se recuperan completamente en semanas o meses, adquiriendo inmunidad de por vida. Existe una vacuna muy eficaz para prevenirla.
Hepatitis B
La hepatitis B es causada por el virus de la hepatitis B (VHB) y puede ser tanto aguda como crónica. Se transmite a través de la sangre, el semen y otros fluidos corporales, mediante el contacto sexual sin protección, el uso compartido de agujas, de madre a hijo durante el parto, o a través de objetos cortopunzantes contaminados. La hepatitis B crónica puede provocar cirrosis y cáncer de hígado. Existe una vacuna altamente eficaz que se administra de forma rutinaria a los recién nacidos.
Hepatitis C
La hepatitis C es causada por el virus de la hepatitis C (VHC) y se transmite principalmente a través del contacto con sangre infectada, como el uso compartido de agujas para drogas inyectables, transfusiones de sangre antes de 1992 o procedimientos médicos con material no esterilizado. Es la forma de hepatitis viral que más frecuentemente se vuelve crónica (en el 55-85% de los casos). No existe vacuna, pero los tratamientos antivirales actuales curan más del 95% de los casos.
Otras causas de hepatitis
- Hepatitis alcohólica: causada por el consumo excesivo y prolongado de alcohol, que provoca inflamación y daño hepático directo
- Hepatitis tóxica: producida por la exposición a venenos, productos químicos, medicamentos (como el paracetamol en dosis altas) o suplementos herbales
- Hepatitis autoinmune: enfermedad crónica en la que el sistema inmunitario del cuerpo ataca por error las células del hígado
Síntomas de la hepatitis
Muchas personas con hepatitis, especialmente en las fases iniciales, no presentan síntomas. Cuando aparecen, los síntomas más comunes incluyen:
- Fatiga y debilidad
- Fiebre
- Pérdida de apetito
- Náuseas y vómitos
- Dolor abdominal, especialmente en la zona del hígado (parte superior derecha)
- Orina oscura (color té o cola)
- Heces de color claro o arcilloso
- Dolor en las articulaciones
- Ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos)
- Picazón en la piel
Diagnóstico
El diagnóstico de la hepatitis se realiza mediante una combinación de evaluación clínica y pruebas complementarias:
- Análisis de sangre: pruebas serológicas para detectar anticuerpos o antígenos específicos de cada tipo de virus (anti-VHA, HBsAg, anti-VHC), así como pruebas de función hepática (transaminasas ALT y AST, bilirrubina, albúmina)
- Carga viral: pruebas de PCR para medir la cantidad de virus en la sangre, esencial para la hepatitis B y C
- Ecografía abdominal: permite evaluar el tamaño y la estructura del hígado
- Elastografía hepática (FibroScan): mide la rigidez del hígado para detectar fibrosis
- Tomografía computarizada o resonancia magnética: proporcionan imágenes detalladas del hígado
- Biopsia hepática: en algunos casos, se toma una muestra de tejido hepático para evaluar el grado de daño
Tratamiento
Hepatitis A
No requiere un tratamiento específico. Se recomienda reposo, hidratación adecuada, evitar el alcohol y los medicamentos que puedan dañar el hígado. La mayoría de los pacientes se recuperan completamente en unas semanas.
Hepatitis B
La hepatitis B aguda generalmente no requiere tratamiento específico. La hepatitis B crónica se trata con medicamentos antivirales como entecavir o tenofovir, que suprimen la replicación del virus y reducen el riesgo de cirrosis y cáncer de hígado. El tratamiento suele ser prolongado, a veces de por vida.
Hepatitis C
Los antivirales de acción directa (AAD) han revolucionado el tratamiento de la hepatitis C. Fármacos como sofosbuvir, ledipasvir y velpatasvir curan más del 95% de los casos en tratamientos de 8 a 12 semanas, con pocos efectos secundarios. Se recomienda tratar a todos los pacientes con hepatitis C crónica.
Prevención
- Vacunarse contra la hepatitis A y B (existen vacunas seguras y altamente eficaces)
- Practicar una buena higiene: lavarse las manos frecuentemente, especialmente antes de comer
- Consumir agua potable segura y alimentos bien cocinados
- No compartir agujas, jeringas ni objetos cortopunzantes
- Usar preservativo en las relaciones sexuales
- Asegurarse de que los procedimientos médicos y dentales utilicen material estéril
- Evitar el consumo excesivo de alcohol
- No compartir artículos de higiene personal como cepillos de dientes o cuchillas de afeitar
- Hacerse pruebas de detección si se pertenece a un grupo de riesgo
La hepatitis A se transmite por vía fecal-oral (agua y alimentos contaminados), casi siempre es aguda y se resuelve sola. La hepatitis B se transmite por sangre y fluidos corporales, puede volverse crónica y tiene vacuna. La hepatitis C se transmite principalmente por sangre contaminada, se vuelve crónica con mayor frecuencia, no tiene vacuna pero actualmente se cura con antivirales en más del 95% de los casos.
La hepatitis A puede transmitirse a través de alimentos manipulados por una persona infectada con mala higiene. Sin embargo, la hepatitis B y C no se contagian por compartir comida, cubiertos, vasos, ni por besos casuales, tos o estornudos. La hepatitis B puede estar presente en la saliva, pero la transmisión por esta vía es extremadamente rara. El contagio de hepatitis B y C se produce principalmente por contacto con sangre infectada.
Sí, actualmente la hepatitis C se cura en más del 95% de los casos gracias a los antivirales de acción directa (AAD). El tratamiento dura entre 8 y 12 semanas y tiene pocos efectos secundarios. Es fundamental que todas las personas con hepatitis C crónica reciban tratamiento, ya que la curación elimina el riesgo de progresión a cirrosis y cáncer de hígado. Tras la curación, se recomienda seguimiento para descartar reinfección.
La vacuna contra la hepatitis B se administra de forma rutinaria a todos los recién nacidos, comenzando con la primera dosis dentro de las 24 horas después del nacimiento. Se completa con dosis adicionales a los 1-2 meses y a los 6-18 meses de edad. Los adultos no vacunados también deben vacunarse, especialmente si pertenecen a grupos de riesgo como trabajadores sanitarios, personas con múltiples parejas sexuales o viajeros a zonas endémicas.
Sí, la hepatitis B y C crónicas son las principales causas de cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular) en el mundo. La inflamación crónica del hígado durante años provoca cicatrización (cirrosis), que es el principal factor de riesgo para desarrollar cáncer hepático. Por esta razón, los pacientes con hepatitis B o C crónica deben realizarse ecografías hepáticas periódicas para la detección temprana del cáncer.
Sí, es muy común. La hepatitis B y C crónicas pueden ser asintomáticas durante años o décadas, dañando el hígado silenciosamente. Muchas personas descubren que tienen hepatitis solo cuando desarrollan síntomas de enfermedad hepática avanzada o mediante análisis de sangre rutinarios. Por eso se recomienda que todas las personas se hagan al menos una prueba de detección de hepatitis C en su vida, y que los grupos de riesgo se analicen con más frecuencia.
Las personas con hepatitis deben evitar el alcohol por completo, ya que agrava el daño hepático. También se recomienda limitar las grasas saturadas, los alimentos ultraprocesados, los azúcares refinados y la sal en exceso. Es importante evitar el marisco crudo (riesgo de hepatitis A) y ciertos suplementos herbales que pueden ser tóxicos para el hígado. Se aconseja seguir una dieta rica en frutas, verduras, proteínas magras y cereales integrales, y consultar al médico antes de tomar cualquier suplemento.
La hepatitis B sí se considera una infección de transmisión sexual, ya que se transmite eficientemente a través del contacto sexual sin protección. La hepatitis C puede transmitirse por vía sexual, pero es mucho menos frecuente; su principal vía de contagio es el contacto con sangre infectada. La hepatitis A puede transmitirse durante el contacto sexual oral-anal. El uso de preservativo y la vacunación contra la hepatitis A y B son medidas preventivas fundamentales.