Introducción al sistema vascular
Las arterias: el circuito de alta presión
Las arterias son vasos que conducen la sangre desde el corazón hacia los tejidos. Con la excepción de las arterias pulmonares, transportan sangre oxigenada. Su pared es gruesa y elástica, compuesta por tres capas: la íntima (endotelio interno), la media (músculo liso y fibras elásticas) y la adventicia (tejido conjuntivo externo). Esta estructura les permite soportar la alta presión generada por cada latido cardíaco y amortiguar las pulsaciones.
La arteria más grande del cuerpo es la aorta, con un diámetro de 2–3 cm en la raíz. Desde ella se ramifica una red progresivamente más fina: arterias de mediano calibre → arteriolas → capilares. Las arteriolas regulan la distribución del flujo hacia distintos órganos gracias a su rica capa muscular, actuando como las «llaves de paso» del sistema.
Las venas: el circuito de retorno
Las venas recogen la sangre de los capilares y la devuelven al corazón. Transportan sangre desoxigenada (excepto las venas pulmonares). Su pared es más delgada y menos elástica que la de las arterias, ya que la presión venosa es mucho menor. Una característica distintiva de la mayoría de las venas de las extremidades es la presencia de válvulas semilunares que impiden el reflujo de sangre en contra de la gravedad.
El retorno venoso se ve favorecido por tres mecanismos adicionales: la bomba muscular (contracción de los músculos esqueléticos que comprimen las venas), la bomba respiratoria (variaciones de presión en el tórax durante la inspiración) y la vis a tergo (impulso residual del latido cardíaco).
Diferencias estructurales clave
- Grosor de pared: arteria > vena; mayor proporción de músculo y elastina en arterias.
- Luz (lumen): las venas tienen mayor diámetro interno relativo que las arterias de igual calibre.
- Presión: arterial media ≈ 100 mmHg; venosa central ≈ 2–8 mmHg.
- Válvulas: presentes en venas periféricas; ausentes en arterias y en venas de gran calibre (cavas, porta).
- Volumen de sangre: el sistema venoso alberga el 65–70 % del volumen sanguíneo total, actuando como reservorio.
Los capilares: el lugar del intercambio
Los capilares son los vasos más pequeños (diámetro 5–10 µm), formados únicamente por una capa de células endoteliales. A través de su pared permeable se produce el intercambio de O₂, CO₂, glucosa, aminoácidos, agua y productos de desecho entre la sangre y el líquido intersticial de los tejidos. La superficie total de capilares en el cuerpo humano supera los 6.000 m², lo que garantiza una superficie de intercambio eficaz.
Arteriosclerosis y aterosclerosis
La arteriosclerosis es el endurecimiento y pérdida de elasticidad de las paredes arteriales, frecuente con el envejecimiento. Su forma más peligrosa es la aterosclerosis, proceso en el que se forman placas de ateroma —depósitos de lípidos, células espumosas, calcio y tejido fibroso— en la capa íntima de la arteria. Según la OMS y el NIH, la aterosclerosis es la base patológica de la mayoría de los infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares y enfermedades arteriales periféricas.
El proceso comienza con una lesión del endotelio (favorecida por hipertensión, tabaco, hiperglucemia o dislipemia), seguida de la infiltración de LDL oxidado y la acumulación de macrófagos que se transforman en células espumosas. Con el tiempo, la placa crece, estrecha la luz arterial (estenosis) y puede romperse, desencadenando la formación de un trombo que ocluye el vaso (trombosis).
Enfermedades venosas frecuentes
Las varices son dilataciones permanentes de las venas superficiales de las piernas, causadas por la insuficiencia de las válvulas venosas. Afectan aproximadamente al 23 % de los adultos, con mayor prevalencia en mujeres. La trombosis venosa profunda (TVP) es la formación de un coágulo en las venas profundas, principalmente de las piernas; si el trombo se desprende puede provocar una embolia pulmonar, una emergencia potencialmente mortal.
Mantenimiento de la salud vascular
Para mantener los vasos sanguíneos en buen estado la evidencia científica recomienda: controlar la presión arterial (objetivo <130/80 mmHg según las guías ESC 2023), reducir el LDL mediante dieta y, si es necesario, estatinas, no fumar, realizar actividad física aeróbica regular y mantener un peso saludable. El diagnóstico precoz mediante ecografía Doppler o tomografía computarizada permite detectar placas y estenosis antes de que produzcan síntomas.